martes, 6 de diciembre de 2011

Las noches



El sonido suena distinto allí. La luz se ve distinta.

El lugar no respira de la misma manera en invierno que en verano.


Algunas noches he tenido miedo: la oscuridad, los coches que pasan rápido, el ruido del tanque, la soledad.

Pero prefiero recordar todas las demás noches en las que no me faltaba compañía, en las que la luz estaba siempre encendida... y en las que los únicos ruidos que había eran los ronquidos de Mike y las palabras inventadas de Luis en sueños.

El origen

Contaré la leyenda tal y como me la contaron a mí. Es difícil de explicar y más aún de entender.

Había una vez un mundo: Un planeta aparentemente deshabitado, pero con siglos de historia. Tras guerras, epidemias y catástrofes aún seguía habiendo vida.
Un guerrero, desaparecido en la batalla, se encontraba perdido tras años de guerra. Después de varios meses vagando sin descanso, encontró un valle seco y desolado con un lago y un castillo en ruinas. Cuando se disponía a investigar la zona se dio cuenta de que no estaba solo. Una niña rubia con un vestido rojo le observaba escondida. La niña, como si de una adivina se tratase, le advirtió de la llegada de un ser superior que arrasaría con todo. Como si se conociesen desde siempre, la niña se subió en su espalda para guiarle en la batalla.
Los tambores de guerra ya se oían a lo lejos. Pero allí no había ningún ejercito. En su lugar se encontraba un coloso de piedra. El suelo retumbaba a cada paso que daba hacia ellos. El guerrero le plantó cara, pero no desenfundó su espada puesto que tenía todas las de perder. Se acercó lentamente hacia el gigante. En sus ojos pudo ver la ausencia de maldad. Se dio cuenta de que lo único que necesitaba aquel coloso era cariño. El gigante se percató de la inocencia del joven y de sus ojos brotaron lágrimas que cayeron al suelo. Del suelo comenzaron a brotar pequeños seres vivos que inundaron de vida el paisaje desolado. El valle seco se volvió fértil y verde.
El gigante se dirigió hacia los jóvenes:
- Mi nombre es Cielo, y me habéis liberado del yugo de la guerra. Vos, joven guerrero os llamaré Tierra. Y la niña que os acompaña se llamará Infierno. Ahora todo esto es vuestro. Seréis los dioses de este lugar.
El guerrero contempló a la niña y la niña al guerrero. Esta, también se había liberado de una especie de maldición. Su cuerpo de niña se transformó en un cuerpo de mujer. Mientras, en su cara iba desapareciendo ese gesto diabólico que poco a poco se tornó en un gesto dulce y cálido.

Y así fue como Tierra e Infierno, bajo la atenta mirada de Cielo, convivían en paz en aquel lugar al que llamaron Pandora. Lejos de las guerras y las epidemias, lejos del dinero y la religión, lejos de las fronteras y las leyes, y muy muy lejos del tiempo.


(esta no es la historia completa, es solo un resumen)